Me amanece caminando hacia
poniente.
Rebasada la calleja y en camino
abierto
el Sol aprieta a mis espaldas
como suele en julio.
Pero sólo trasponer el puerto
ya se escuchan las ranas,
ya se presiente la humedad.
El pilón, a rebosar, y las pilas secas
sitiadas de juncos y mastranzos.
Tan relajado sosiego y atractiva paz
Invitan a permanecer, a repostar.
A contemplar el horizonte de sierra
A dar oídos al ulular de la abubilla
Al cuco en la lejanía
Al espíritu en el que casi ya no creías.




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